“Arriba” y “abajo”

Con frecuencia el lenguaje espiritual utiliza los términos de “arriba” y “abajo” para referirse al cielo y al infierno ¿tiene esto sentido hoy en día? “La ascensión y el descendimiento a los infiernos constituyen la expresión de la imágen del mundo en tres pisos, que llamamos mítica y creemos haber superado definitivamente. El mundo de “arriba” y de “abajo” es siempre mundo, regido por las mismas leyes físicas. El mundo no tiene pisos; los conceptos “arriba” y “abajo” son relativos, dependen del lugar que ocupe el observador. Como no se da un punto absoluto de relación -la tierra ciertamente no nos lo ofrece-, no se puede hablar de “arriba” y “abajo” en el campo espiritual. El mundo no ostenta direcciones fijas. Nadie se molesta hoy día en discutir seriamente tales concepciones; ya no creemos en el mundo entendido espacialmente como un edificio de tres pisos, ¿pero es esto lo que se afirma cuando la fe dice que el Señor bajó a los infiernos o que subió a los cielos?”

Para Ratzinger el cielo no es un lugar. “el cielo no es un lugar que, antes de la ascensión de Cristo, estaría cerrado por un decreto justiciero y positivista de Dios, pero que después estaría abierto también positivistamente. La realidad cielo nace más bien mediante la unión de Dios y el hombre. Hemos de definir el cielo como un contacto de la esencia del hombre con la esencia de Dios; esta unión de Dios y el hombre en Cristo que venció al bios por la muerte, se ha convertido en vida nueva y definitiva. El cielo es, pues, el futuro del hombre y de la humanidad, futuro que no puede darse a sí mismo, futuro que por vez primera se abrió en el hombre por quien Dios entró en el ser hombre.”

Por oro lado “el hombre puede darse a sí mismo la profundidad que llamamos infierno. Hablando con claridad, diremos que consiste formalmente en que él no quiere recibir nada, en que quiere se autónomo. Es expresión de la cerrazón en el propio yo. La esencia de esta profundidad consiste, pues, en que el hombre no quiere recibir nada, en que no quiere tomar nada, sino sólo permanecer en sí mismo, bastarse a sí mismo. Si esta actitud se realiza en su última radicalidad, el hombre es intocable, solitario.”

Pasaje de: Joseph Ratzinger. “Introduccion al Cristianismo”.

¿Quiere Dios el sufrimiento?

En el centro de muchas religiones está la idea de sacrificio, entendido como acto de culto a la divinidad consistente en una ofrenda cruenta o de algo costoso. La pregunta inevitable es ¿quiere Dios el sufrimiento?. 

La respuesta de Ratzinger en “Introducción al cristianismo” es muy sugerente: “La esencia del culto cristiano no es el ofrecimiento de cosas ni la destrucción de las mismas, como a partir del siglo XVI afirmaban las teorías del sacrificio de la misa; se decía que de esa forma se reconocía la supremacía de Dios.

El acontecimiento Cristo y su explicación bíblica ha superado todos esos ensayos de ilustración. El culto cristiano consiste en lo absoluto del amor que sólo podía ofrecer aquel en quien el amor de Dios se ha hecho amor humano”

El fin de todo culto verdadero es la adoración, suprema posibilidad del ser humano. El Crucificado ha fundido el cuerpo de la humanidad en el “sí” de la adoración a la que se pueden unir todos los hombres. 

El verdadero culto espiritual tiene su clave en el amor sacrificado, en la entrega y “está en tensión perpetua consigo mismo, separado y muy sobre sus posibilidades de distensión, así la adoración (sacrificio) siempre es también cruz, dolor de separación, muerte del grano de trigo que sólo da fruto si muere”. 

Pero esto indica que lo doloroso es un elemento secundario nacido de algo más fundamental que lo precede y que le da sentido. El principio constitutivo del sacrificio no es la destrucción, sino el amor. En cuanto que el amor rompe, abre, crucifica y divide, todo esto pertenece al amor como forma del mismo, en un mundo marcado con el sello de la muerte y del egoísmo.”

Pasaje de: Joseph Ratzinger. “Introduccion al Cristianismo”.

La ambivalencia del progreso

El Papa Francisco pasará a la historia por ser un gran impulsor de la doctrina social de la Iglesia. Es una firme convicción suya la idea de que la economía ocupa un lugar importante en la reflexión de la Iglesia, que mira al hombre y a la mujer como personas llamadas a colaborar con el plan de Dios mediante el trabajo, la producción, la distribución y el consumo de bienes y servicios. A continuación escogemos algunas ideas del Papa Francisco, del prólogo del libro Poder y dinero:

“Si miramos la economía y los mercados globales, un dato que vemos es su ambivalencia. Por una parte, nunca como en estos años la economía había permitido a miles de millones de personas asomarse al bienestar, a los derechos, a una mejor salud y a muchas otras cosas. Al mismo tiempo, la economía y los mercados han tenido un papel en la explotación excesiva de los recursos de todos, en el aumento de las desigualdades y en el deterioro del planeta.”(…)

“Nuestro mundo es capaz de lo mejor y de lo peor. Siempre lo ha sido, pero hoy los medios técnicos y financieros han amplificado la potencialidad del bien y del mal. Hay partes del planeta que nadan en la opulencia mientras que otras no tienen lo mínimo para sobrevivir. En mis viajes he podido ver estos contrastes más de lo que me había sido posible en Argentina. He visto la paradoja de una economía globalizada que podría alimentar, cuidar y dar cobijo a todos los habitantes que pueblan nuestra casa común, pero que –como indican algunas estadísticas preocupantes– concentra en las manos de poquísimas personas la misma riqueza que constituye la renta anual de prácticamente la mitad de la población mundial. He constatado que el capitalismo desenfrenado de las últimas décadas ha ampliado aún más el abismo que separa a los más ricos de los más pobres, generando nuevas pobrezas y esclavitudes.”

“En buena parte, la actual concentración de las riquezas es fruto de los mecanismos del sistema financiero. Mirando a las finanzas vemos además que, en la época de la globalización, un sistema económico basado en la proximidad se topa con no pocas dificultades: las instituciones financieras y las empresas multinacionales alcanzan tales dimensiones que condicionan las economías locales, lo que ocasiona a los Estados cada vez más dificultades para obrar bien en favor del desarrollo de las poblaciones.”

“Por otra parte, la falta de reglamentación y de controles adecuados favorece el crecimiento de capital especulativo, que no está interesado en inversiones productivas a largo plazo, sino que persigue el lucro inmediato.”

Primeramente como simple cristiano, luego como religioso y sacerdote y por último como Papa, opino que las cuestiones sociales y económicas no pueden ser ajenas al mensaje del Evangelio . por eso, siguiendo los pasos de mis predecesores, trato de ponerme a la escucha de los actores presentes en la escena mundial, dando voz especialmente a los pobres, los descartados y los que sufren. 

En su difusión del mensaje de caridad y justicia del Evangelio, la Iglesia no puede quedarse callada frente a la injusticia y el sufrimiento, sino que puede y quiere unirse a los millones de hombres que dicen no a la injusticia de modo pacífico.

Santidad y belleza

La tradición cristiana, sobre todo la occidental, ha hecho una interpretación esencialmente moral de la santidad. Pero la santidad es gracia, es regalo que exige la apertura fundamental al don divino. La santidad plantea la primacía del ser sobre el obrar, del don sobre el deber, de la gratuidad sobre la ley.

Tener una conducta santa no es otra cosa que tener una “conducta bella”. Articulada como belleza, la santidad se manifiesta ante todo como un acontecimiento de comunión, en nada semejante a una empresa individualista, fruto del esfuerzo heroico de cada uno. Se trata de una comunión plasmada icónicamente en Moisés y Elías que aparecen en el pasaje de la Transfiguración en un “resplandor glorioso” (Lc 9, 31).

“¿Cómo no recordar la catedral de Chartres –afirma E. Bianchi- con las imágenes de los santos reunidos en torno al Buen Dios como rayos que proceden del único sol? La gloria de Aquél que es el “autor de la belleza” brilla en el rostro de Jesús”. 

“Porque Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo” (2 Cor 4,6).

Si la belleza es “una promesa de felicidad”, como dice Stendhal, entonces todo gesto, toda palabra, toda acción inspirada en ella se convierte en profecía del mundo redimido, de la humanidad congregada en la Jerusalén celeste en una comunión sin fin. La belleza es profecía de la salvación.

La paciencia

“El Señor, Dios clemente y misericordioso, es lento para la ira y rico en fidelidad”. Ex 34, 6.

La paciencia es una prerrogativa divina, Dios es magnánimo, constante, paciente, “lento a la ira”. Para un cristiano la paciencia es “capacidad de ver y de sentir con magnanimidad”, es decir, el arte de acoger y vivir lo inacabado. En este segundo aspecto la paciencia se revela necesariamente como humilde: lleva al hombre a reconocerse como inacabado, y en este sentido se convierte en paciencia con uno mismo; además reconoce que las relaciones con los otros son frágiles e imperfectas, por tanto se estructura como paciencia con los otros.

La paciencia es la virtud de una Iglesia que espera al Señor, que vive responsablemente el “todavía no” sin anticipar el fin y sin erigirse a sí misma como el fin último del designio de Dios. Rechaza la impaciencia tanto del fanatismo como de la ideología, y recorre la vía fatigosa de la escucha, de la obediencia y de la espera en relación con los otros y con Dios, para construir la comunión que es posible, histórica y limitada, con los otros y con Dios. La paciencia es atención al tiempo del otro (entendido como proceso), en la plena conciencia de que el tiempo se vive en plural, con los otros, convirtiéndolo en acontecimiento de relación, de encuentro, de amor.

Nueva etapa de “ser persona”

Comenzamos una nueva etapa de “ser persona”. Después de 15 años de actividad en el anterior alojamiento (ver) nos trasladamos a WordPress con la ilusión de llegar a más lectores y seguir ofreciendo este servicio a los ya habituales.

El blog nació, y seguirá viviendo, alentado por el deseo de profundizar en el conocimiento de la persona humana y su actuación, conscientes del peligro de deshumanización del mundo actual.