Hacer bella y fuerte la vida

Mi tío murió como un hombre bueno y sencillo: hizo todo lo que pudo por ahorrar a los que le rodeaban el espectáculo de su dolor. “Cosa imperfectísima me parece -decía Santa Teresa- este aullar y quejar siempre, y enflaquecer el habla, haciéndola de enfermos; aunque lo estéis si podéis más, no lo hagáis, por amor De Dios”. Hay almas superiores que saben tener ese gesto supremo en sus angustias: mi tío fue de esas almas. Padeció atrozmente en sus últimos días; él decía que era como si tuviera cerca “unos perritos que venían a morderle”. Y cuando sentía los crueles aguijonazos, él intentaba sonreír y exclamaba: “¡Ya están aquí los perricos!” (…) Si hay un mundo mejor para los hombres que han paseado por la tierra con una sonrisa de bondad, allí estará mi tío Antonio, con su cadena de oro al cuello, oyendo eternamente música de Rossini. Azorín en “Las confesiones de un pequeño filósofo”

qué es la fe

¿Qué significa, «fe»? Es sentir, con profunda convicción, que somos criaturas de Dios; es una percepción practica del mundo invisible; es entender que este mundo no es capaz de hacernos felices, es mirar más allá de él y ver a Dios, darse cuenta de su presencia, esperar en Él, esforzarnos por aprender y hacer su voluntad y buscar en Él nuestro bien. No es un mero acto, intenso pero transitorio, una sensación interior arrolladora, una impresión o una opinión que nos sobreviene, sino un hábito, un estado espiritual firme y duradero. Tener fe en Dios es rendir el propio ser a Dios, poner humildemente los propios intereses, o desear que se nos permita ponerlos, en las manos de quien es Soberano Dador de todo bien. John Henry Newman. Sermones 3, 96

El escándalo de la muerte

En la modernidad nace como idea central en la comprensión del hombre la subjetividad. Con el Renacimiento y la Ilustración la historia bascula desde la idea de un cosmos físico y eterno al yo moral y mortal, titular de una dignidad máxima e incondicional desconocida en siglos anteriores. El hombre se convierte en un fin en sí mismo, nada prevalece sobre la dignidad individual, un nuevo concepto de dignidad que no es prestada, sino propia, inmanente y autofundada.

Pero permanece la muerte como realidad inexorable y entonces se consuma el escándalo. Porque he aquí que este individuo máximamente digno sufre la injuria máxima, que es su muerte, experimentada ahora en la plenitud doliente de su significado. Recuérdese que sólo lo particular muere, no lo general. El cosmos era aquella generalidad suprapersonal que existía eternamente, semejante a lo divino. 

Pero, tras el giro subjetivo, la fuente de ser se desplaza al individuo, que, como cualquier otro organismo viviente, muere de verdad y a fondo. En la modernidad, la muerte no es una vicisitud incidental en la corteza del ser, como en la cosmovisión premoderna, sino la negación absoluta del ser, su total y definitiva anulación. El escándalo se hace insoportable: si el individuo es aquel ser cuya perfección dignifica la vida, su destrucción supone la mayor de las indignidades imaginables. 

La muerte destruye absolutamente ese yo absoluto y borra sus huellas. El cosmos deja de comportarse con su más ilustre habitante como una naturaleza proveedora y maternal y se desenmascara como mundo injusto, lejos de ser divino, en extremo inhumano. Por primera vez en la historia de la humanidad, el hombre empieza a interrogarse inevitablemente ¿para qué vivir?

Javier Gomá en “Dignidad”

Libertad y salvación

Existo como un pequeño fragmento en la realidad ilimitada del mundo. Sin embargo, soy más grande que el mundo, porque mi pensamiento puede alcanzar y rebasar todas las cosas; más aún, es capaz de buscar lo que no se encuentra en el universo, a saber: el significado del universo. Me han sido dados unos pocos años de vida: he nacido y moriré. Sin embargo, mi pensamiento es capaz de atravesar estos estrechos límites y se plantea el problema de lo que había antes y de lo que habrá después. Estoy condicionado por mil instintos interiores y estoy manipulado por mil cosas exteriores que me solicitan. Sin embargo, puedo decidir libremente entre una acción y otra, entre una persona y otra, entre un destino y otro. En mi único ser hay, por tanto, algo que me hace pequeño, efímero, esclavo, y hay algo que me nace grande, duradero, libre.

Existo como alguien que pide ser salvado. Tengo sed de verdad sobre mi origen, sobre mi naturaleza, sobre mi suerte última, pero sé que el riesgo del error me acecha. Tengo sed de una alegría sin fin, pero sé que cada día que pasa me acerca al sufrimiento y a la muerte, y esta perspectiva me entristece ya desde ahora. Tengo sed de vivir en justicia, pero sé que soy, poco o mucho, repetidamente injusto. La salvación que necesito es, por consiguiente, salvación del error, de la muerte, de la culpa.

Esta salvación me ha sido dada por la bondad de Dios, que envió al mundo a mi Salvador: Jesús de Nazaret, crucificado y resucitado, que hoy está vivo y es Señor. El Señor Jesús me salva alcanzándome allí donde me encuentro, con una gratuidad y una misericordia inesperadas. Ahora bien, no me salva como un objeto inerte; al contrario, me concede aceptar libremente la iniciativa del Padre, a través del acto de fe; me concede configurarme libremente en mi conducta a su ley de amor; me permite entregarme libremente a la alabanza, a la acción de gracias, a la imploración a través de la oración 

Giacomo Biffi

¿La Iglesia es de derechas?

No falta gente convencida de que la Iglesia es fundamentalmente de derechas y busca imponer sus ideas anticuadas en un estado laico y a personas que no profesan el cristianismo.


La Iglesia levanta la voz en la esfera pública cuando un tema afecta al bien común, a menudo relativo a las libertades y a los derechos fundamentales, y en especial cuando puede ser la voz de los que no tienen voz.

Su autoridad para pronunciarse deriva de su autoridad moral y de su independencia como una de las organizaciones de la sociedad civil más antiguas e importantes del mundo. No es ni de derechas ni de izquierdas, no se alía con partidos políticos concretos, sino que defiende el bien común y el mensaje del Evangelio en su integridad. Sostiene la distinción entre lo político y lo religioso, defiende una «laicidad positiva» y rechaza tanto el fundamentalismo religioso como el laicismo agresivo que pretende prohibir la religión en el ámbito público.


En la actualidad la agenda política de la Iglesia católica puede resumirse en su doctrina social, desarrollada principalmente en el último siglo, más la defensa de la libertad religiosa, la libertad en la que se basan el resto de derechos y libertades.


La tarea del amor

El amor tiene, desde luego, como casi todo en el ser humano, su parte de misterio que hay que respetar, pero pienso que entender bien cuál es la tarea principal del amor ayuda no poco a fortalecerlo y a dar ese salto en el vacío que nos sumergirá en un nuevo horizonte de auténtica libertad con la persona amada.

Yo diría que la tarea del amor (por lo menos del matrimonial, que es del que estoy hablando) se puede expresar así: ayudarte a ser la mejor persona posible con la que compartir la mejor vida imaginable.

  • El fin: que la persona amada sea todo lo que está llamada a ser.
  • El medio: que yo sea para ella todo lo que estoy llamado/a a ser.
  • El resultado: que los dos crezcamos juntos y también juntos logremos todo lo que estamos llamados a alcanzar.

Ante una perspectiva como esta, tras la decisión de amar para siempre, el vértigo se transforma en gozo, en liberación y en certeza mucho antes de lo que uno piensa. Es como saltar en paracaídas: vencido el miedo a saltar, el paracaídas se abre y uno disfruta de la sensación de libertad y grandeza que da volar… con la seguridad, en el caso del amor, de que él, ella estará siempre a nuestro lado. ¿Y cómo lo sé? ¡Porque me lo ha ha dicho! ¡Se ha lanzado conmigo a una vida nueva sin querer volver la vista atrás ni mirar hacia otro lado!

Tomado del blog “Familiarmente”

La ley del más débil

“La salida del estado de naturaleza y la entrada en la civilización se manifiesta en aquella sociedad que concede preferencia a los sobrantes (predilectos de la dignidad), una preferencia de la que sería ilustración, en nuestra experiencia urbana cotidiana, uno de esos coches de alta gama que circulan a gran velocidad por las calles de una ciudad pero están obligados a frenar y detenerse ante un niño despreocupado o un torpe anciano que cruzan ociosamente un paso de cebra. La naturaleza impone la lucha entre las especies animales para seleccionar sólo las más fuertes o mejor adaptadas. Los hombres llegan a esa lucha en las mejores condiciones porque han sustituido las fauces feroces y las garras afiladas por el lenguaje simbólico y la técnica, que obran el prodigio de adaptar la naturaleza a sus necesidades y dominar a las otras especies. Llegados a cierta etapa de la evolución social, la especie humana, sin visible ventaja evolutiva, dándose un lujo que aparentemente sólo ella puede permitirse, eleva un ideal humanitario que supone la derogación de la ley del más fuerte, vigente en la naturaleza, y su sustitución por una nueva y revolucionaria ley del más débil”.

Javier Gomá en su reciente ensayo “Dignidad”

El gran inquisidor

¿Qué hubiera pasado si Jesús hubiera vuelto al mundo? ¿hubiera sido apresado por la Inquisición y acusado de hereje?

Reproducimos aquí algunas notas de una conversación con el  profesor Alfredo Obarrio sobre el relato de  “El gran inquisidor”, incluido dentro de la extraordinaria novela de Dostoievski “Los hermanos Karamazov”.

La aparición de Jesús en la España de la Inquisición lleva a plantear en la novela sugerentes cuestiones de gran calado. El Gran inquisidor reprocha a Jesús sus respuestas ante las tentaciones del desierto. Es una reflexión sobre La fe y elpoder. Habla al hombre de ayer y de hoy. La figura de Cristo resume perfectamente el Cristo del Evangelio. Su luz, la luz de Dios, es apreciada enseguida por el pueblo. Y temida por la Iglesia. Esta venida no es la “parusía”, sino que llega para dar testimonio de que la fe no se forja con la hoguera sino con el amor de Dios. 

Al igual que en el proceso de Jerusalén, Jesús no habla. Calla. Al gran inquisidor si se le describe. Hombre enjuto y con fuego en los ojos. No es un hombre de Dios. Lo fue. Pero sucumbió a la tentación del diablo. Todo en él es sombrío. Le hace ver q las tres tentaciones se han cumplido por lo que le pregunta ¿quién tenía razón tú o él? 

Primera tentación:  Jesús vino a traer la libertad al hombre, pero esta quita pan. La libertad le abruma. Es una cargademasiado pesada. Lo importante es el bienestar personal. Por esta razón le recrimina a Jesús que vaya por el mundo con las manos vacías y con la promesa de libertad.  ¿Ante quien nos inclinamos: ante quien nos ofrece el pan o la libertad?  La humanidad escogerá el pan y volverá a construir una segunda torre de Babel. Por eso -le dice- que el diablo luchará contra Jesús y le vencerá.

Segunda tentación: precipitarse al vacío. Jesús no fundamentó su palabra en el milagro, el milagro refuerza o atestiguaque e Hijo de Dios. Pero el pueblo busca el milagro. Y si no se lo ofrecen recurren a los curanderos. La prueba es que Jesús no bajo de la Cruz.

Tercera tentacion: es la tentación del Clericalismo y del cesaropapismo. Ciertamente todo se ha cumplido, en mayor o en menor grado.

Y lo triste que quien llegó a ser hijo de Dios, como el inquisidor, claudicó a la tentación del diablo, que consiste encorregir la obra de Dios, para q los hombres sean “felices” a costa de renunciar a su libertad y a su alma. (Cfr. “Un mundo Feliz”, “1984”, etc.)

En el fondo el demonio lo que propone es: “deja que se pierda el reino de los cielos, para que asumamos, como único reino, el de la tierra”, porque el no piensa en la salvación de los hombres, para eso esta Jesucristo, sino en gobernarnos como a esclavos, por eso la libertad debe ser reprobada y, al serlo, ya no seremos hermanos, sino siervos -del pecado-.

Comunión

El concepto de comunión es uno de los más utilizados en la teología actual, pero no siempre es fácil de entender. Dios en su ser es comunión, el Espíritu es Espíritu de comunión y Cristo es cabeza de un cuerpo que es la Iglesia. Comunión es la vida trinitaria divina, vida hecha de escucha, intercambio y donación recíprocos entre las personas divinas. 

Sien do constitutiva de la vida divina, la comunión es esencian también para la Iglesia. Si no se plasma su rostro en la historia como rostro de comunión, la Iglesia se reduce a organización sociológica y ya no es la Iglesia de Dios. La Iglesia ha recibido el mandato de ser lugar de la superación de todas las barreras y discriminaciones culturales y sociales, lugar de la diversidad reconciliada, de las diferencias integradas mediante la comunión.

Así, “la Iglesia no sólo es reflejo de la comunión dinámica de las personas divinas, sino icono de la humanidad reconciliada, imagen del cosmos redimido, profecía del Reino. Justamente esto es lo que debe manifestar toda Eucaristía, corazón de la comunión. En la comunión la Iglesia se juega la obediencia a la vocación recibida de Dios y el cumplimiento de su testimonio y misión en el mundo”. Enzo Bianchi.

“Arriba” y “abajo”

Con frecuencia el lenguaje espiritual utiliza los términos de “arriba” y “abajo” para referirse al cielo y al infierno ¿tiene esto sentido hoy en día? “La ascensión y el descendimiento a los infiernos constituyen la expresión de la imágen del mundo en tres pisos, que llamamos mítica y creemos haber superado definitivamente. El mundo de “arriba” y de “abajo” es siempre mundo, regido por las mismas leyes físicas. El mundo no tiene pisos; los conceptos “arriba” y “abajo” son relativos, dependen del lugar que ocupe el observador. Como no se da un punto absoluto de relación -la tierra ciertamente no nos lo ofrece-, no se puede hablar de “arriba” y “abajo” en el campo espiritual. El mundo no ostenta direcciones fijas. Nadie se molesta hoy día en discutir seriamente tales concepciones; ya no creemos en el mundo entendido espacialmente como un edificio de tres pisos, ¿pero es esto lo que se afirma cuando la fe dice que el Señor bajó a los infiernos o que subió a los cielos?”

Para Ratzinger el cielo no es un lugar. “el cielo no es un lugar que, antes de la ascensión de Cristo, estaría cerrado por un decreto justiciero y positivista de Dios, pero que después estaría abierto también positivistamente. La realidad cielo nace más bien mediante la unión de Dios y el hombre. Hemos de definir el cielo como un contacto de la esencia del hombre con la esencia de Dios; esta unión de Dios y el hombre en Cristo que venció al bios por la muerte, se ha convertido en vida nueva y definitiva. El cielo es, pues, el futuro del hombre y de la humanidad, futuro que no puede darse a sí mismo, futuro que por vez primera se abrió en el hombre por quien Dios entró en el ser hombre.”

Por oro lado “el hombre puede darse a sí mismo la profundidad que llamamos infierno. Hablando con claridad, diremos que consiste formalmente en que él no quiere recibir nada, en que quiere se autónomo. Es expresión de la cerrazón en el propio yo. La esencia de esta profundidad consiste, pues, en que el hombre no quiere recibir nada, en que no quiere tomar nada, sino sólo permanecer en sí mismo, bastarse a sí mismo. Si esta actitud se realiza en su última radicalidad, el hombre es intocable, solitario.”

Pasaje de: Joseph Ratzinger. “Introduccion al Cristianismo”.