¿Quedan hoy cristianos?

“¿Quedan hoy cristianos? Si tienes la impresión de que el cristianismo está viendo disminuir en nuestros días su papel de guía espiritual, si tienes la impresión de que la gente busca el significado del ser o no ser, de la vida y de la muerte, del amar y del ser amados, del ser joven y del envejecer, del dar y del recibir, del herir y del ser herido, y no espera ninguna respuesta de los testigos de Jesucristo, empieza a preguntarte entonces hasta qué punto estos testigos deberían llamarse a sí mismos cristianos”.

“El testigo cristiano es un testigo crítico, porque profesa que el Señor volverá para hacer nuevas todas las cosas. La vida cristiana llama a cambios radicales, porque el cristiano asume una distancia crítica respecto al mundo y, a pesar de todas las contradicciones, continúa diciendo que es posible un nuevo modo de ser humano y una nueva paz. Esta distancia crítica es un aspecto esencial de la verdadera vida cristiana”.

H. J. M. Nouwen

Restauración de la monarquía tradicional (1976)

Los cuatro grandes postulados recuperados en la Guerra Civil, se presentaron de inmediato a Franco y los franquistas como la herencia que había que hacer llegar a las generaciones futuras. Era necesario para ello una institución permanente que los afirmara. Y un sistema político que garantizara su transmisión. Fue igualmente el nacionalismo españolista de Franco el que, desde hora temprana, le llevó a considerar que la consolidación definitiva del régimen derivado de la Guerra Civil -victoria sobre los enemigos constantes de la España tradicional-, más allá de su mando personal, en beneficio de la nación y para siempre, no podía ser sino la Monarquía: la Monarquía debería asegurar el desarrollo en continuidad de lo conseguido. Durante siglos, la Monarquía en España había formado parte de la concepción tradicionalista del Estado. Desde el Estado monárquico unitario y católico debería completarse la reestructuración de la sociedad española, de acuerdo con los principios de gobierno presentados también como tradicionales de la democracia orgánica o corporativismo. En esta perspectiva, nunca se consideró ni remota mente que la sociedad pudiera gozar de autonomía, -debía ser en todo momento tutelada por la actividad estatal- y, menos aún, que el Estado en cuanto encarnación de la autoridad debiera comportarse como servidor de la sociedad y en consecuencia sometido a sus decisiones. Lo más que se podría conceder a la sociedad española seria una cierta representación corporativa de vago sabor tradicional: las Cortes. Allí se podrían discutir incluso las decisiones estatales. Pero sin olvidar su refrendo. No parece que fueran muchos los que cayeran en la cuenta de que en España -y, claro está, que no sólo en España- las corporaciones sólo habían tenido vida mientras no hubo Estado. Y que el Estado existió en la medida en que logró anular casi por entero a los cuerpos naturales.

Dado que la Monarquía liberal se había suicidado en 1931, cuando Alfonso XIII optó por salir del país haciendo dejación de sus derechos; y que la II República habia resultado demolida por la revolución social que sacudió a la España gubernamental a partir de julio de 1936, no era posible volver a nada porque nada había.   Se hacia afortunadamente preciso ir a la instauración con mucha calma, por la misma tremenda violencia de las pasiones despertadas por la guerra de un Estado nuevo obligadamente monárquico por lo mismo que se le quería tradicional. De este razonamiento se derivaban consecuencias diversas: sólo la juventud española que no habla participado en la guerra, y que debería ser educada de forma adecuada para que no incurriera en los errores de sus padres, estaría en condiciones de dirigir con normalidad la vida del nuevo Estado español. Igualmente sería preciso que el rey que sucediera a Franco fuera persona plenamente identificada con los ideales del Movimiento Nacional, sin trasnochadas veleidades liberales y democráticas. Y sólo se produciría el traspaso de poderes cuando Franco entendiera que todo estaba ya hecho, por juzgar que el rey futuro o no sabría o no estaría en condiciones de llevar lo a cabo. Tres razones de índole distinta, pero que quizá ayuden a entender en buena parte la parsimonia de las decisiones de Franco.

Gonzalo Redondo en “Política, cultura y sociedad en la España de Franco”

Sobre lo esencial

Es impresionante la frase de El Principito, esa famosa obra de Antoine de Saint Éxupery: «hay que ver con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos». Es una advertencia llena de humanidad. Lo esencial, lo verdaderamente esencial, no se ve con la vista: sólo se aprecia con el corazón.

El corazón es la interioridad del hombre, que llega a muchas cosas que no se pueden ver con los ojos. Con los ojos no se pue-de ver el ingenio de la inteligencia. No se pueden ver los amores humanos. No se puede ver la dignidad de la persona. Tampoco a Dios. Estas cosas no tienen color para la vista. Sólo tienen color para el corazón.

Por eso, hace falta desarrollar en paralelo a la estética de la vista, la estética del corazón, el buen gusto para las cosas verdaderamente humanas y bellas. Un corazón bien dispuesto y capaz de apreciarlas.

Con el corazón se aprecian todas las grandes realidades que podríamos escribir con mayúsculas: la verdad, el bien, la justicia, la amistad, el amor. Son los dones que enriquecen verdaderamente a la persona y la hacen vivir más humanamente. Los más bonitos, los más preciados, los más humanos. La mejor parte de la vida, lo más esencial, sólo es visible para los ojos del corazón. Hay mucha humanidad en El Principito.

Juan Luis Lorda

graves deficiencias  psicológicas y morales de los políticos

Comienzo de una entrevista realizada a Jesús Ballesteros Llompart (catedrático emérito de la «Universitat de Valencia») en el marco del: “XI SEMINARIO INTERNACIONAL. A PROPÓSITO DE AFGANISTÁN: EL FRACASO DE LA TECNOLOGÍA. LA URGENCIA DEL HUMANISMO”, desarrollado en la Universitat de Valencia, España entre el 21 y el 24 de febrero del año 2022.

¿Cuáles son los fundamentos históricos de la invasión de Rusia a Ucrania por el régimen militar de Putin, en pleno S.XXI?

En primer lugar diría que estamos viviendo un momento, en el que los políticos en general carecen de calidad humana, les falta preparación intelectual, y tienen graves deficiencias  psicológicas y morales, una situación muy parecida a la acaecida antes de la segunda guerra mundial.

En segundo lugar todos los líderes occidentales, empezando por Bush, se comprometieron con Gorbachov, después de aceptar éste la reunificación alemana y la permanencia de la Alemania unida en la OTAN a no acercar “ ni una pulgada más” la OTAN a las fronteras rusas. Y sin embargo seis países de la Europa oriental entraron luego en la OTAN.  

En este sentido, esta crisis guarda una similitud con la crisis de los misiles, que se produjo en el mandato de Kruschov en la URSS, y de Kennedy en EEUU. En esta crisis  finalmente primó el diálogo. Ahora nos encontramos en una situación peor, por la falta de calidad humana de los líderes ruso y americano.

Yo no creo que acercar la OTAN a los cerca de dos mil kilómetros de frontera ruso-ucraniana sea una necesidad geopolítica. Incluso el propio presidente ucraniano estaba dispuesto a renunciar a la entrada de su país en la OTAN.

Dicho esto, la invasión de Rusia a Ucrania está siendo un acto criminal e incalificable, que no puede ser defendido desde ningún punto de vista y que debe ser rechazado por la comunidad internacional. Pero si se hubieran respetados los acuerdos desarrollados en los noventa, con el desmantelamiento de la URSS excluyendo la ampliación de la OTAN en los territorios ex soviéticos, nos encontraríamos en una posición muy diferente.

Amos sin rostro

El poder de las finanzas, a pesar de estar muy difundido, es invisible ¿Quién conoce a esos rentistas? Fondos de pensiones internacionales, fondos de inversión, fondos soberanos, rinden a sus poseedores decenas de miles de millones al año, y mientras tanto no hay dinero para curar y dar trabajo a los pobres, y no se ve a quién pertenecen estos fondos, quién es su amo.Es precisamente la invisibilidad la que sostiene este poder, y lo hace más poderoso aún, lo que lleva a las finanzas a condicionar duramente la política. Por ejemplo, el mercado de armas está en manos de poderes invisibles que condicionan el poder político, y esto lleva incluso a desencadenar guerras que sirven de mercado para misiles, bombas y toda clase de armamento.

Cuesta entender quien es el amo de este tipo de comercio, porque los propietarios son relativamente pocos, aunque sean miles y estén dispersos por el mundo; en muchos casos ocultos en los entresijos de la especulación bancaria, sin un rostro humano, sólo jurídico. Lo que sí hay es un administrador que gestiona estos fondos, pero, por definición, él mismo es precario y ordena algo informe, anónimo, siguiendo la estrategia de un poder mucho más oscuro.

Hasta los años ochenta, si el trabajador no estaba de acuerdo con el propietario, llegaba quizá a oponérsele incluso físicamente, porque el patrón era bien identificable y visible, y se podían enumerar sus responsabilidades y sus intereses directos en la conducción de la empresa (…) El tema de la renta, de la especulación y de las finanzas opacas, toca muy directamente el tema del poder. Recientes análisis afirman que en los últimos cincuenta años la rentabilidad de las finanzas ha superado a la del trabajo en la producción de bienes: la inversión financiera rinde más que la industrial o la agrícola y esto no parece un buen camino.

Michele Zanzucchi



Cómo la banca “crea” dinero

la banca comercial «crea» dinero. Mucho dinero. Un banquero que tiene depósitos por valor de 100, cuando entrega créditos por valor de 10 hace que en una sociedad «exista» dinero por valor de 110. Los 100 del depósito y los 10 del préstamo que, aunque los ha tomado del propio depósito, está en manos de dos ciudadanos al mismo tiempo. Del ciudadano que cree que los tiene en el banco y del ciudadano al que se los han prestado y, aunque ha de devolverlos, los lleva en el bolsillo y, por ende, actúan como si fueran enteramente suyos, sea invirtiendo, comerciando o gastando. Diez unidades de valor que están en el bolsillo de dos personas al mismo tiempo. Una, pensando pensando que los tienen guardados, y la otra, sabiendo que ha de devolverlos. Pero ambos dan por sentado que esos diez euros están en sus respectivos bolsillos. Todo canalizado a través de una entidad, el banquero, que ha actuado como intermediario de un prestamista anónimo. No me digan que no es alucinante. La imaginación e inventiva humana no tienen parangón (…)

Esa es la lógica de los bancos. Los bancos responden de un dinero que se les deposita y que van a prestar a un tercero, basados en la probabilidad de que no se solicite su reintegro. Su éxito depende de dos cosas: de que la gente devuelva lo que pide prestado y de que los depositantes confíen en que el banco presta sus depósitos a personas solventes para proyectos viables.

Fernando Trías de Bes

Cómo salvar al mercado del capitalismo

“No a un dinero que gobierna en lugar de servir”. Francisco en  Evangelii gaudium, 57.

Las finanzas tienen una función vital: oxigenar e impulsar la economía. Hoy, en cambio, predomina una forma de finanzas (de mercados financieros) que no desempeña esta función de manera apropiada. El dominio de los mercados financieros es políticamente ilegítimo, económicamente dañino y humanamente aberrante. Es necesario salir de esta situación.

Tras la crisis, que fue ante todo “su crisis” los mercados financieros han adquirido un poder sin precedentes. Dictan leyes, imponen políticas económicas a los Estados, deponen gobiernos, derogan derechos, desquician pactos sociales, rediseñan equilibrios y alianzas internacionales. Es un hecho. Hay quienes lo consideran un bien, una forma de disciplina que pone bajo tutela de los mercados a los gobiernos irresponsables. Pero es el dinero que gobierna: “un dólar, un voto”.

Mientras no sea comúnmente aceptado identificar a las personas con su cuenta bancaria –y esperemos que nunca lo sea-, el gobierno de los mercados es un gobierno ilegítimo. Lejos de ser una nueva forma de democracia es una nueva forma de opresión: el dominio de los acreedores sobre los endeudados. En otras épocas, que consideramos superadas, la autoridad política tenía la tarea de equilibrar la relación entre acreedores y endeudados. Hoy se contenta con sancionar el desequilibrio.

Deberíamos haberlo aprendido, vivimos en una situación de soberanía limitada, sometidos a la tutela de los acreedores. Pero seguimos dispuestos a pedir préstamos a la China como si de este modo pudiéramos salvar Europa. Parece claro que deberíamos descubrir otras alternativas.

Tampoco tiene mucho sentido tomarla con el acreedor de turno, sea una cancillería alemana o banqueros internacionales, porque todo acreedor es también deudor. El aspecto verdaderamente nuevo del nuevo régimen que nos encontramos es su carácter impersonal, anónimo, a la vez difuso y concentrado.

¿Valores democráticos?

«La exigencia de igualdad es noble y debe apoyarse plenamente, pero dentro de su propia esfera que es la justicia social. No tiene ningún espacio fuera de ahí. La democracia es el único sistema político aceptable; pero concierne exclusivamente a la política, y no tiene ninguna aplicación en ningún otro campo. Cuando se aplica en cualquier otro sitio, significa la muerte, porque la verdad no es democrática, la inteligencia y el talento no son democráticos, ni lo es la belleza, ni el amor, ni la gracia de Dios. Una educación democrática de verdad es la que prepara a la gente intelectualmente para defender y promover la democracia dentro del mundo político; pero la educación, en su propio campo, debe ser implacablemente aristocrática e intelectual»

Simon Leys

Un mundo sin rumbo

Nuestros antepasados, con sus más y sus menos, disponían de un centro referencial, unas coordenadas vitales, una estrella polar a dónde dirigirse en caso de pérdida existencial. En cambio, nuestros coetáneos, especialmente los más jóvenes, carecen de toda referencia. En todo caso sólo disponen de artilugios con GPS que no sirven para nada. Están creciendo y tomando puestos de responsabilidad en un mundo sin rumbo, sin norte ni normas. Les hemos enseñado que lo importante es que sean libres, pero no que sean buenos. Y francamente, no saben cómo serlo. Les hemos atiborrado de señuelos del tipo «han de ser los primeros», «lo importante es el éxito», «no tienen que dejar de ser independientes», «no han de comprometerse irreversiblemente», «han de poder disfrutar de la vida que solo se vive una vez». Esto, dicho sucintamente, es sencillamente demoledor porque conlleva la disolución de los vínculos humanos; y su corolario necesario es la soledad, y en el mejor de los casos, soledad compartida y, en algún caso, compasiva:no hay compromisos, todo es volátil (…)

Para superar la ruptura de nuestra generación y poder regresar al buen sentido, hemos de ponernos en vanguardia frente a los disvalores de la postmodernidad que nos ha metido en un buen embrollo, en un laberinto que no tiene salida: entender la vida lograda y feliz como un atiborrarse de trastos y tener los instintos ‘saciados’ (que nunca lo están). Porque tal cosa es del todo insatisfactoria y es la puerta de múltiples desórdenes. Hoy en Occidente, sin moral que compartir, por más que nos calentemos los sesos con leyes, normas y reglamentos, no somos capaces de salir del marasmo, porque hemos abandonado el bien, la verdad y la belleza en pos de lo útil, lo práctico y lo cuántico (lo contante y sonante).

P. López-G.Marco