Sobre lo esencial

Es impresionante la frase de El Principito, esa famosa obra de Antoine de Saint Éxupery: «hay que ver con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos». Es una advertencia llena de humanidad. Lo esencial, lo verdaderamente esencial, no se ve con la vista: sólo se aprecia con el corazón.

El corazón es la interioridad del hombre, que llega a muchas cosas que no se pueden ver con los ojos. Con los ojos no se pue-de ver el ingenio de la inteligencia. No se pueden ver los amores humanos. No se puede ver la dignidad de la persona. Tampoco a Dios. Estas cosas no tienen color para la vista. Sólo tienen color para el corazón.

Por eso, hace falta desarrollar en paralelo a la estética de la vista, la estética del corazón, el buen gusto para las cosas verdaderamente humanas y bellas. Un corazón bien dispuesto y capaz de apreciarlas.

Con el corazón se aprecian todas las grandes realidades que podríamos escribir con mayúsculas: la verdad, el bien, la justicia, la amistad, el amor. Son los dones que enriquecen verdaderamente a la persona y la hacen vivir más humanamente. Los más bonitos, los más preciados, los más humanos. La mejor parte de la vida, lo más esencial, sólo es visible para los ojos del corazón. Hay mucha humanidad en El Principito.

Juan Luis Lorda

graves deficiencias  psicológicas y morales de los políticos

Comienzo de una entrevista realizada a Jesús Ballesteros Llompart (catedrático emérito de la «Universitat de Valencia») en el marco del: “XI SEMINARIO INTERNACIONAL. A PROPÓSITO DE AFGANISTÁN: EL FRACASO DE LA TECNOLOGÍA. LA URGENCIA DEL HUMANISMO”, desarrollado en la Universitat de Valencia, España entre el 21 y el 24 de febrero del año 2022.

¿Cuáles son los fundamentos históricos de la invasión de Rusia a Ucrania por el régimen militar de Putin, en pleno S.XXI?

En primer lugar diría que estamos viviendo un momento, en el que los políticos en general carecen de calidad humana, les falta preparación intelectual, y tienen graves deficiencias  psicológicas y morales, una situación muy parecida a la acaecida antes de la segunda guerra mundial.

En segundo lugar todos los líderes occidentales, empezando por Bush, se comprometieron con Gorbachov, después de aceptar éste la reunificación alemana y la permanencia de la Alemania unida en la OTAN a no acercar “ ni una pulgada más” la OTAN a las fronteras rusas. Y sin embargo seis países de la Europa oriental entraron luego en la OTAN.  

En este sentido, esta crisis guarda una similitud con la crisis de los misiles, que se produjo en el mandato de Kruschov en la URSS, y de Kennedy en EEUU. En esta crisis  finalmente primó el diálogo. Ahora nos encontramos en una situación peor, por la falta de calidad humana de los líderes ruso y americano.

Yo no creo que acercar la OTAN a los cerca de dos mil kilómetros de frontera ruso-ucraniana sea una necesidad geopolítica. Incluso el propio presidente ucraniano estaba dispuesto a renunciar a la entrada de su país en la OTAN.

Dicho esto, la invasión de Rusia a Ucrania está siendo un acto criminal e incalificable, que no puede ser defendido desde ningún punto de vista y que debe ser rechazado por la comunidad internacional. Pero si se hubieran respetados los acuerdos desarrollados en los noventa, con el desmantelamiento de la URSS excluyendo la ampliación de la OTAN en los territorios ex soviéticos, nos encontraríamos en una posición muy diferente.

Amos sin rostro

El poder de las finanzas, a pesar de estar muy difundido, es invisible ¿Quién conoce a esos rentistas? Fondos de pensiones internacionales, fondos de inversión, fondos soberanos, rinden a sus poseedores decenas de miles de millones al año, y mientras tanto no hay dinero para curar y dar trabajo a los pobres, y no se ve a quién pertenecen estos fondos, quién es su amo.Es precisamente la invisibilidad la que sostiene este poder, y lo hace más poderoso aún, lo que lleva a las finanzas a condicionar duramente la política. Por ejemplo, el mercado de armas está en manos de poderes invisibles que condicionan el poder político, y esto lleva incluso a desencadenar guerras que sirven de mercado para misiles, bombas y toda clase de armamento.

Cuesta entender quien es el amo de este tipo de comercio, porque los propietarios son relativamente pocos, aunque sean miles y estén dispersos por el mundo; en muchos casos ocultos en los entresijos de la especulación bancaria, sin un rostro humano, sólo jurídico. Lo que sí hay es un administrador que gestiona estos fondos, pero, por definición, él mismo es precario y ordena algo informe, anónimo, siguiendo la estrategia de un poder mucho más oscuro.

Hasta los años ochenta, si el trabajador no estaba de acuerdo con el propietario, llegaba quizá a oponérsele incluso físicamente, porque el patrón era bien identificable y visible, y se podían enumerar sus responsabilidades y sus intereses directos en la conducción de la empresa (…) El tema de la renta, de la especulación y de las finanzas opacas, toca muy directamente el tema del poder. Recientes análisis afirman que en los últimos cincuenta años la rentabilidad de las finanzas ha superado a la del trabajo en la producción de bienes: la inversión financiera rinde más que la industrial o la agrícola y esto no parece un buen camino.

Michele Zanzucchi



Cómo la banca “crea” dinero

la banca comercial «crea» dinero. Mucho dinero. Un banquero que tiene depósitos por valor de 100, cuando entrega créditos por valor de 10 hace que en una sociedad «exista» dinero por valor de 110. Los 100 del depósito y los 10 del préstamo que, aunque los ha tomado del propio depósito, está en manos de dos ciudadanos al mismo tiempo. Del ciudadano que cree que los tiene en el banco y del ciudadano al que se los han prestado y, aunque ha de devolverlos, los lleva en el bolsillo y, por ende, actúan como si fueran enteramente suyos, sea invirtiendo, comerciando o gastando. Diez unidades de valor que están en el bolsillo de dos personas al mismo tiempo. Una, pensando pensando que los tienen guardados, y la otra, sabiendo que ha de devolverlos. Pero ambos dan por sentado que esos diez euros están en sus respectivos bolsillos. Todo canalizado a través de una entidad, el banquero, que ha actuado como intermediario de un prestamista anónimo. No me digan que no es alucinante. La imaginación e inventiva humana no tienen parangón (…)

Esa es la lógica de los bancos. Los bancos responden de un dinero que se les deposita y que van a prestar a un tercero, basados en la probabilidad de que no se solicite su reintegro. Su éxito depende de dos cosas: de que la gente devuelva lo que pide prestado y de que los depositantes confíen en que el banco presta sus depósitos a personas solventes para proyectos viables.

Fernando Trías de Bes

Cómo salvar al mercado del capitalismo

“No a un dinero que gobierna en lugar de servir”. Francisco en  Evangelii gaudium, 57.

Las finanzas tienen una función vital: oxigenar e impulsar la economía. Hoy, en cambio, predomina una forma de finanzas (de mercados financieros) que no desempeña esta función de manera apropiada. El dominio de los mercados financieros es políticamente ilegítimo, económicamente dañino y humanamente aberrante. Es necesario salir de esta situación.

Tras la crisis, que fue ante todo “su crisis” los mercados financieros han adquirido un poder sin precedentes. Dictan leyes, imponen políticas económicas a los Estados, deponen gobiernos, derogan derechos, desquician pactos sociales, rediseñan equilibrios y alianzas internacionales. Es un hecho. Hay quienes lo consideran un bien, una forma de disciplina que pone bajo tutela de los mercados a los gobiernos irresponsables. Pero es el dinero que gobierna: “un dólar, un voto”.

Mientras no sea comúnmente aceptado identificar a las personas con su cuenta bancaria –y esperemos que nunca lo sea-, el gobierno de los mercados es un gobierno ilegítimo. Lejos de ser una nueva forma de democracia es una nueva forma de opresión: el dominio de los acreedores sobre los endeudados. En otras épocas, que consideramos superadas, la autoridad política tenía la tarea de equilibrar la relación entre acreedores y endeudados. Hoy se contenta con sancionar el desequilibrio.

Deberíamos haberlo aprendido, vivimos en una situación de soberanía limitada, sometidos a la tutela de los acreedores. Pero seguimos dispuestos a pedir préstamos a la China como si de este modo pudiéramos salvar Europa. Parece claro que deberíamos descubrir otras alternativas.

Tampoco tiene mucho sentido tomarla con el acreedor de turno, sea una cancillería alemana o banqueros internacionales, porque todo acreedor es también deudor. El aspecto verdaderamente nuevo del nuevo régimen que nos encontramos es su carácter impersonal, anónimo, a la vez difuso y concentrado.

¿Valores democráticos?

«La exigencia de igualdad es noble y debe apoyarse plenamente, pero dentro de su propia esfera que es la justicia social. No tiene ningún espacio fuera de ahí. La democracia es el único sistema político aceptable; pero concierne exclusivamente a la política, y no tiene ninguna aplicación en ningún otro campo. Cuando se aplica en cualquier otro sitio, significa la muerte, porque la verdad no es democrática, la inteligencia y el talento no son democráticos, ni lo es la belleza, ni el amor, ni la gracia de Dios. Una educación democrática de verdad es la que prepara a la gente intelectualmente para defender y promover la democracia dentro del mundo político; pero la educación, en su propio campo, debe ser implacablemente aristocrática e intelectual»

Simon Leys

Un mundo sin rumbo

Nuestros antepasados, con sus más y sus menos, disponían de un centro referencial, unas coordenadas vitales, una estrella polar a dónde dirigirse en caso de pérdida existencial. En cambio, nuestros coetáneos, especialmente los más jóvenes, carecen de toda referencia. En todo caso sólo disponen de artilugios con GPS que no sirven para nada. Están creciendo y tomando puestos de responsabilidad en un mundo sin rumbo, sin norte ni normas. Les hemos enseñado que lo importante es que sean libres, pero no que sean buenos. Y francamente, no saben cómo serlo. Les hemos atiborrado de señuelos del tipo «han de ser los primeros», «lo importante es el éxito», «no tienen que dejar de ser independientes», «no han de comprometerse irreversiblemente», «han de poder disfrutar de la vida que solo se vive una vez». Esto, dicho sucintamente, es sencillamente demoledor porque conlleva la disolución de los vínculos humanos; y su corolario necesario es la soledad, y en el mejor de los casos, soledad compartida y, en algún caso, compasiva:no hay compromisos, todo es volátil (…)

Para superar la ruptura de nuestra generación y poder regresar al buen sentido, hemos de ponernos en vanguardia frente a los disvalores de la postmodernidad que nos ha metido en un buen embrollo, en un laberinto que no tiene salida: entender la vida lograda y feliz como un atiborrarse de trastos y tener los instintos ‘saciados’ (que nunca lo están). Porque tal cosa es del todo insatisfactoria y es la puerta de múltiples desórdenes. Hoy en Occidente, sin moral que compartir, por más que nos calentemos los sesos con leyes, normas y reglamentos, no somos capaces de salir del marasmo, porque hemos abandonado el bien, la verdad y la belleza en pos de lo útil, lo práctico y lo cuántico (lo contante y sonante).

P. López-G.Marco

Educar

Aprender a hablar es el modelo para cualquier otra educación. Educación es introducción al propio mundo, interpretación del mundo, práctica de distinciones, ya sea la distinción entre un mirlo y un petirrojo, entre un arroyo y un canal, o entre un Mercedes y un Volkswagen. Pero también la distinción entre lo importante y lo banal, entre lo bello y lo feo, entre el bien y el mal. Estas últimas distinciones no se pueden aprender de manera puramente teórica. La distinción entre lo importante y lo banal se adquiere sólo mediante la práctica de actos de preferencia, de postergación y de renuncia (…).

«Normalmente la educación no es una profesión. Dar clase puede ser una profesión, la profesión del profesor, que transmite conocimientos y habilidades muy concretas. Pero, ¿qué conocimientos y habilidades transmite el educador? “Vivre c’est le metier que je veux lui apprendre”, -Vivir es el oficio que quiero enseñarle-, hace decir Rousseau al educador de su famoso Émile. Pero ¿cómo enseña uno a vivir? Conviviendo y haciendo todo lo posible unos con otros. La educación no es ningún proceso propio de la racionalidad instrumental. No existe una actividad especial que se llame “Educar”. La educación es un efecto secundario que sobreviene cuando se hacen muchas otras cosas diferentes».

Robert Spaemann

El problema de los partidos políticos

Para Simone Weil, los partidos políticos suponían un problema en sí mismos, pues portaban con ellos el germen del totalitarismo. Esto puede sonar extraño cuando en el siglo XXI se considera a los partidos el baluarte anti totalitario, representantes del pluralismo y la democracia. Veamos pues el razonamiento de Weil.

“Si un miembro de un partido está absolutamente decidido a ser fiel a su luz interior en todo su razonamiento y a nada más, no puede dar a conocer esa resolución a su partido. Se enfrenta entonces a un estado de mentiras. Es una situación inaceptable causada por la necesidad que le lleva a pertenecer a un partido para tomar parte eficazmente de los asuntos públicos. Esta necesidad es entonces un mal, y hay que ponerle fin suprimiendo los partidos. Un hombre que no haya decidido ser fiel más que a su luz interior instala el mal en el centro mismo del alma (…) Se trataría en vano de discernir entre la libertad interior y la disciplina exterior. Porque entonces hay que mentir al público, hacia el que todo candidato, todo elegido, tiene una obligación particular de verdad. Si me presto a decir en nombre de mi partido, las cosas que estimo contrarias a la verdad y a la justicia, ¿voy a indicarlo con un cartel antes? Si no lo hago miento. De estas tres formas de mentira (al partido, al público y a sí mismo) la primera es de lejos la menos mala. Pero si la pertenencia a un partido conduce siempre a la mentira, la existencia de los partidos es absoluta e incondicionalmente un mal“.

(Simone Weil, Ensayo sobre la supresión de los partidos políticos).

Tomado de «Libertad Política»