La ambivalencia del progreso

El Papa Francisco pasará a la historia por ser un gran impulsor de la doctrina social de la Iglesia. Es una firme convicción suya la idea de que la economía ocupa un lugar importante en la reflexión de la Iglesia, que mira al hombre y a la mujer como personas llamadas a colaborar con el plan de Dios mediante el trabajo, la producción, la distribución y el consumo de bienes y servicios. A continuación escogemos algunas ideas del Papa Francisco, del prólogo del libro Poder y dinero:

“Si miramos la economía y los mercados globales, un dato que vemos es su ambivalencia. Por una parte, nunca como en estos años la economía había permitido a miles de millones de personas asomarse al bienestar, a los derechos, a una mejor salud y a muchas otras cosas. Al mismo tiempo, la economía y los mercados han tenido un papel en la explotación excesiva de los recursos de todos, en el aumento de las desigualdades y en el deterioro del planeta.”(…)

“Nuestro mundo es capaz de lo mejor y de lo peor. Siempre lo ha sido, pero hoy los medios técnicos y financieros han amplificado la potencialidad del bien y del mal. Hay partes del planeta que nadan en la opulencia mientras que otras no tienen lo mínimo para sobrevivir. En mis viajes he podido ver estos contrastes más de lo que me había sido posible en Argentina. He visto la paradoja de una economía globalizada que podría alimentar, cuidar y dar cobijo a todos los habitantes que pueblan nuestra casa común, pero que –como indican algunas estadísticas preocupantes– concentra en las manos de poquísimas personas la misma riqueza que constituye la renta anual de prácticamente la mitad de la población mundial. He constatado que el capitalismo desenfrenado de las últimas décadas ha ampliado aún más el abismo que separa a los más ricos de los más pobres, generando nuevas pobrezas y esclavitudes.”

“En buena parte, la actual concentración de las riquezas es fruto de los mecanismos del sistema financiero. Mirando a las finanzas vemos además que, en la época de la globalización, un sistema económico basado en la proximidad se topa con no pocas dificultades: las instituciones financieras y las empresas multinacionales alcanzan tales dimensiones que condicionan las economías locales, lo que ocasiona a los Estados cada vez más dificultades para obrar bien en favor del desarrollo de las poblaciones.”

“Por otra parte, la falta de reglamentación y de controles adecuados favorece el crecimiento de capital especulativo, que no está interesado en inversiones productivas a largo plazo, sino que persigue el lucro inmediato.”

Primeramente como simple cristiano, luego como religioso y sacerdote y por último como Papa, opino que las cuestiones sociales y económicas no pueden ser ajenas al mensaje del Evangelio . por eso, siguiendo los pasos de mis predecesores, trato de ponerme a la escucha de los actores presentes en la escena mundial, dando voz especialmente a los pobres, los descartados y los que sufren. 

En su difusión del mensaje de caridad y justicia del Evangelio, la Iglesia no puede quedarse callada frente a la injusticia y el sufrimiento, sino que puede y quiere unirse a los millones de hombres que dicen no a la injusticia de modo pacífico.

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